Escenas de la infancia y de género en textos de Clarice Lispector

Alejandra J. Josiowicz, en La cruzada de los niños, explora cuáles son los sentidos que cuatro intelectuales latinoamericanos le dieron a la infancia. José Martí, Horacio Quiroga, Mário de Andrade y Clarice Lispector parten de sus propias articulaciones simbólicas sobre la niñez y reflexionan sobre el poder y la autoridad, sobre los lenguajes sociales y sobre quiénes pueden acceder a esos lenguajes.

A continuación compartimos fragmentos del capítulo dedicado a la escritora brasileña Clarice Lispector.

“Transformaciones de la infancia y el género en Clarice Lispector

Este capítulo analiza las escenas de la infancia en una selección de textos de Clarice Lispector, en relación con una serie de transformaciones en los roles de género, en los modelos de crianza y de vida familiar que tienen lugar en las décadas de 1960 y 1970 en Brasil.

La cruzada de los niños, de Alejandra J. Josiowicz
(…) Durante las décadas de 1950 y 1960, Lispector contribuyó en varios tipos diferentes de publicaciones periódicas a través de columnas femeninas, firmando con pseudónimo: redactó la columna “Entre mulheres” en la revista Comício (1952) como Tereza Quadros; escribió una columna dos veces por semana en el periódico Correio da Manhã (1959-1961) como Helen Palmer; y compuso una sección seis veces por semana con el título “Só para mulheres” en el tabloide Diário da Noite (1960-1961) como ghost writer de la actriz de cine y televisión Ilka Soares. Se trata de textos que se adaptan al estilo y contenido de una columna femenina, para cuya composición Lispector utilizó como modelo manuales domésticos, revistas, enciclopedias de economía casera, libros de autoayuda, de educación, médicos y manuales de crianza.

Es importante resaltar que Lispector produjo la mayor parte de las columnas femeninas (así como las crónicas que publica en el Jornal do Brasil y los textos destinados al público infantil) luego de separarse de su marido diplomático Maury Gurgel Valente, con quien había vivido, como parte de sus estancias consulares, fuera de Brasil durante casi dos décadas. Vuelta a Brasil con sus dos hijos, Lispector se mudó a un departamento en Río de Janeiro y enfrentó las dificultades materiales y los prejuicios sociales con que se percibía a la mujer separada (desquitada, en este caso, dado que –como se dijo antes– aún no se había instaurado la ley de divorcio en el país). Las columnas femeninas reproducen una imagen de mujer moderna, educada en sus gustos y lecturas, pero respetuosa de las convenciones sociales; pendiente de agradar a los hombres, y que no deja de atender las funciones domésticas, en su rol de esposa y madre. Así, Helen Palmer escribe en una columna de 1959:

Os digo que ´informada´ es la mujer que se instruye, que procura seguir el ritmo de la vida actual, siendo útil en su campo de acción, que se hace respetar por su amor propio, que es compañera del hombre y no su esclava, que es madre y educadora y no una muñeca mimada que cría a otros muñequitos mimados […] La mujer informada sabe eso. Estudia, lee, es moderna e interesante sin perder sus atributos de mujer, de esposa y de madre. No tiene que tener necesariamente una carrera o un título, pero conoce algo más allá de su labor de punto, de sus viandas y de sus charlas con las vecinas.

Se trata de una mujer educada, atenta a las prácticas, necesidades y saberes propios de un mundo moderno y cosmopolita, como el consumo acelerado y el contacto con lecturas y conocimientos variados. Este modelo de mujer moderna, sin embargo, conserva los atributos asociados a la femineidad, como el privilegio de la maternidad, el matrimonio y el cuidado de la apariencia, que no debe abandonar, incluso cuando esté inserta en el mercado laboral. Atenta a las demandas y exigencias de su entorno, ella es quien debe iniciar a la familia en las prácticas modernas de consumo cultural y comercial: es artífice del hogar como espacio de confort y descanso de las múltiples exigencias de la vida moderna.

(…)
La literatura infantil y los nuevos modelos de género

Los textos que Lispector escribió para el público infantil entre 1967 y 1978, El misterio del conejo que sabía pensar, La mujer que mató a los peces, La vida íntima de Laura (1975) y Casi de verdad (publicado póstumamente, en 1978) ponen en escena cuestiones de género, íntimamente ligadas con preocupaciones político-sociales. Así, escenifican una serie de transformaciones –no carentes de ambivalencias– en la concepción de la mujer, en las modalidades de educación y crianza y en los modos de pensar la infancia y la filiación. Además, intervienen en los debates de la época sobre las políticas de la reproductividad y la contracepción y movilizan referencias al contexto político. Como escritora para niños, Lispector ocupa un lugar aceptable para una mujer y, sin embargo, sus textos viabilizan reflexiones sobre los cambios en los roles de género y en las relaciones entre adultos y niños, y ponen en escena opiniones polémicas sobre la reproductividad familiar.

La cruzada de los niños, de Alejandra J. Josiowicz

El misterio del conejo que sabía pensar es un texto situado en la domesticidad, que pide la intervención y la ayuda, para la lectura, de una serie de adultos: ´Como la historia fue escrita para exclusivo uso doméstico, dejé todas las entrelíneas para las explicaciones orales. Pido disculpas a padres y madres, tíos y tías, y abuelos, por la contribución forzada que estarán obligados a dar´. Sin embargo, el texto, como ´conversación íntima´, doméstica, no reproduce una relación jerárquica entre padres/tíos/abuelos e hijos/sobrinos/nietos, sino que erige al niño en participante activo de la lectura e interpretación del texto. Interpelado a través de la figura de Paulo, hijo de Lispector y alter ego del público receptor, el niño lector debe resolver el misterio central del texto, que es la manera por la cual el conejo protagonista consigue escapar de su jaula, primero porque tenía hambre y luego sin motivo alguno, por el deseo mismo. Así, no es el adulto-narrador quien posee la solución al misterio, ni esta reside en el propio texto: ´Seguro que estás esperando que yo ahora te diga cómo se las arregló para salir de la jaula. Ahí está el misterio. ¡No lo sé!´, sino en el niño: ´Si querés adivinar el misterio, lo mejor va a ser que empieces tú mismo a fruncir la nariz a ver qué es lo que pasa. En una de esas descubres la solución, porque los chicos y las chicas saben más que papá y mamá cuando se trata de conejos. Y cuando descubras la solución, me la cuentas´. El niño es portador de un saber intuitivo y experiencial, capaz de resolver el misterio: su percepción se aproximaría al modo en que experimenta y percibe el animal, protagonista del texto.

Se trata de un modelo pedagógico y de crianza que parte del diálogo y la mutua colaboración entre adultos y niños y en el cual estos últimos son valorados como portadores de saberes, percepciones y experiencias diversos al del mundo adulto, relacionados con su alteridad. Así, en la invitación que el emisor-madre le formula al receptor-hijo para resolver el misterio, subyace una concepción del niño como participante activo en el acto de lectura e interpretación, protagonista de la trama y de la construcción del sentido.”

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